lunes, 15 de agosto de 2011

Una mujer de su tiempo.


La sueltan así los periodistas y se quedan tan anchos, se ve que los hombres y cronos no van de la mano, porque ellos no son de su tiempo son hombres y punto. Si alguien sabe que quieren decir con esta expresión le agradecería un comentario, me diréis que siempre hay que contextualizar la frase pero es que si lo hago realza el carácter machista de la misma. Fulanita de tal tiene un blog con tropecientas seguidoras donde explica consejos, es una mujer de su tiempo…o sea que por tener ordenador, les recuerdo que las cifras se acercan al 70% de los hogares españoles, es una mujer que se ha adaptado, o puede que sea por usar la thermomix o ser madre y trabajadora, en fin barbaridades varias. Soy quisquillosa con el lenguaje sí pero ante todo estoy cansada de ser discriminada lingüísticamente hablando de forma constante.

Durante un tiempo me he debatido acerca de si debía dar a conocer o no mi sexo porque podría quitar objetividad a mis comentarios. Gran falacia ésta, la de tener objetividad, quien quiere ser objetivo, a veces implica cerrar los ojos a tu experiencia, supongo que en aspectos concretos es necesaria pero a medida que los medios de comunicación han desvirtuado su significado ha ido perdiendo peso en nuestro léxico y ha quedado relegada a ser el sinónimo de finalidad más relacionada con su forma en sustantivo: objetivo.

Me confesé: ya lo he dicho no soporto encender la radio, por suerte la tele no la sigo así que reduzco los momentos de indignación, y ver a un comentarista, que suelte cualquier prenda de este pelo. Ni que decir tiene el momento anuncios, los publicistas sí que podemos decir que son gente descatalogada, a menudo continúan viviendo en el Medievo, lo de un anuncio de su tiempo no se estila.

La semana pasada hice una escapada a mi tierra natal, voy un par de veces al año, los 800km que me separan en mi destino actual impiden que acuda con más frecuencia, no obstante, a través de los periódicos locales en internet me intereso por todo lo que allí se cuece, después intento contrastarlo con la opinión de los/las amigos/as y la familia. A menudo cuando regreso intento hacer balance de todo lo que he visto y he vivido, lo comparas y te preguntas en qué punto está todo.

El caso es que es inevitable compararte con tu pandilla y si, como en esta ocasión, te reúnes con gente que hace mucho que no ves, el análisis es más profundo. Mis dudas no están relacionadas con un grado de bienestar, ya que generalmente, es imposible de valorar y de entrada tienen una ventaja que para mí supera muchas de las mejoras que pueda tener yo: El hecho de vivir cerca de seres queridos.  Conforme pasan los años te entra la sensación de que todo va demasiado rápido, apenas hay tiempo para tomar decisiones y cuando tienes que elegir todo se convierte en un drama. Lo curioso de esta última reunión de amigos y amigas es que la mayoría hemos tenido la sensación de proximidad en la anterior convocatoria (hacia unos 10 años que no estábamos juntos). Todos hemos seguido caminos distintos, algunos tienen hijos, otros han ido de curro en curro sin encontrar estabilidad laboral lo que ha complicado sus aspiraciones vitales, más bien emocionales. Otros tuvimos la suerte/desgracia de conseguir el empleo indefinido que no fijo en un sector que difiere por completo de lo que estudiamos y que incluso, como es mi caso, va contra todos mis principios. En este sentido si que podíamos hablar de mujer de mi tiempo para pagar el alquiler he tenido que renunciar a todos mis principios y es más, pago el alquiler del garaje sin factura, un escándalo.

El final de los veranos siempre me deja ese gusto amargo, es como el cumpleaños, puede que sea por mi tendencia natural a ser negativa, pero siempre te quedas con ese rictus melancólico y decepcionante que señala que esta vez también lo perdiste. Te has pasado el verano preguntándote en qué punto estaba todo en lugar de trabajar en el hacia donde me gustaría que estuviese. Y el otoño te escupe la verdad a la cara, se acabo tu tiempo ahora la rutina lo inundara todo, y no habrás tenido la valentía de reflexionar sobre qué clase de rutina deseas para tu invierno. Los animales lo hacen, deciden cómo pasar el invierno de forma natural, nos entusiasmamos tanto con ver un rayo de sol que calienta – sobre todo este año- que somos incapaces de analizar que deseamos en los 9 meses que siguen a la chispa del calor. Sólo espero que la estrella fugaz que vi sea benévola y lo cumpla.

Lo confieso soy una mujer de mi tiempo, es decir siempre siento que carezco de él y cuando lo tengo, ni siquiera soy artesana perdiéndolo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario